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11.10.2013 | Article de Teresa Crespo, presidenta d’ECAS, publicat a la revista Alternativas Económicas

¿Por qué cuando se habla de dinero destinado a infraestructuras se le llama ‘inversión’ y cuando se trata de educación, sanidad o servicios sociales se habla de ‘gasto’? Si tenemos en cuenta el impacto y el retorno social de estas tres últimas partidas de los presupuestos públicos, seguramente lo veríamos distinto. Hay estudios en diversos campos –reinserción y rehabilitación en el ámbito penitenciario, vivienda y salud mental, entre otros— que demuestran que prevenir y atender las necesidades sociales a tiempo sale muy a cuenta, incluso aplicando criterios puramente economicistas.

A medio y largo plazo, el ahorro inmediato que puedan suponer los recortes en partidas sociales lo acabamos pagando muy caro como sociedad en distintos sentidos, tal como atestigua un informe del Consejo de Europa publicado hace tan solo unos días. El comisario de Derechos Humanos, afirma en él que “los recortes efectuados en presupuestos sociales, educativos y de salud han conducido al preocupante incremento de la pobreza de las familias” y que “el aumento de la pobreza, la malnutrición infantil y la falta de vivienda son un motivo grave de preocupación por sus efectos potencialmente devastadores a largo plazo en los niños y en el país”.

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